
Tu vida depende de lo que dices y cómo lo dices.
El arte de expresar se manifiesta en qué dices y cómo lo dices.
Y es que el resultado de tus conversaciones te alejan o acercan de las personas y objetivos. Si en todos los ámbitos son importantes en la relación con nuestros vínculos adquieren especial relevancia.
Son sencillas de enunciar y no por eso fáciles de llevar a la práctica en tu día a día.
Además de las palabras que pronuncias, la forma en que llegan a los otros varía mucho del estado emocional en que te encuentras. La energía de tu estado anímico es muy diferente si estás enfadado, o por el contrario pletórico de alegría. Las palabras que pronuncias con enfado van “intoxicadas” su energía parece que van directas al estómago de a quien se dirigen. Tu estado anímico es contagioso aunque pretendas disimularlo, para lo bueno y para lo malo.
Practicar el arte de expresar es decir cómo te sientes, se transmite en el tono en que hablas, siendo tan importante como cuidar tus palabras, impregna con su perfume cualquier cosa que hagas incluido el hablar.
Es esencial que aprendas a expresarte de forma aséptica, sin molestar, sin provocar conflictos y sin dejar por ello de decir aquello que quieres o necesitas. Hacerlo te ayuda a sentirte aliviado y te aseguro que la persona a quien te muestres te valorará más por hacerlo, es de valientes. Expresar a alguien algo personal, es confiar en él y por tanto uno de los mayores regalos que puedes hacerle.
Hacerlo en “primera persona” de forma clara y directa hace que te responsabilices de lo que dices, de lo que piensas y haces, sin involucrar a terceros, sin reproches. La respuesta es cosa del otro.
Si te expresas de esta forma: yo me siento…cuando tu actúas de esta manera…, yo necesito…, yo te pido…, a mí me gustaría…, a mí me desagrada… pones el foco en ti y la otra persona podrá atender tus peticiones, comprender tu emoción, acceder a darte…etc. Ahora bien tú te habrás expresado tal cual, con honradez, sin manipular y el otro es libre de responder en la forma en que crea conveniente, lo que sí es probable que aun recibiendo un “no” rotundo la conversación no derive en reproches, tampoco en conflictos. Independendientemente de si la respuesta es o no de tu agrado.
Expresar con arte es poner el foco en ti y no en la otra persona, te posiciona en un lugar de fortaleza. Si pones el foco en él o ella estarás intentando controlar, culpar, evitar tu responsabilidad, hacerte la víctima y esto te aseguro te debilita a ti y hace que el otro se sienta atacado. La respuesta probable será defenderse o atacar de nuevo.
Si además de poner el foco en ti a la hora de expresar, das la maravillosa oportunidad de que la persona se exprese mientras lo escuchas, con atención y cariño, habrás logrado comprenderle quizás puedas incluso ponerte en su lugar y propicies que ella se ponga en el tuyo. Habrás creado buen rollo y un “gran vínculo”. Tu actitud se notará en tu cuerpo, en el tono en el que hablas, en tu postura, en la dulzura y firmeza de tus palabras. Algo que sin duda el otro capta y condiciona su respuesta.
Cómo tú programes tu conversación así será el resultado. Tienes un gran poder a la hora de elegirlas, darles forma, cómo y cuando expresarlas. Si esto pasa a ser una costumbre en tu vida, rápidamente notarás grandes cambios en las personas.
Te sentirás más tranquilo y día a día la calidad de tus relaciones se irá incrementando.
Una de las cosas que más nos nutre es el contacto con las personas. Cultivarlo depende de ti, del estado emocional en que te encuentres y de la calidad de tus conversaciones.
Y recuerda ¡Habla en primera persona!¡Habla de tì!
Gracias, espero tus sugerencias y comentarios.
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HABLA A PESAR DEL MIEDO. La Llave del Cambio.
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