Aquí encontrarás cómo evitar conflictos y disfrutar.
Los próximos días son de alto voltaje emocional. Se ponen de manifiesto muchos de nuestros sentimientos y a menudo son contradictorios. Presencias, ausencias y la calidad de nuestras relaciones con nuestros vínculos se hacen más tangibles.
Queremos disfrutar con nuestros seres queridos y sin darnos cuenta nos influyen los asuntos pendientes que existen entre nosotros, desencuentros, incumplimiento de expectativas o promesas, sentirnos en algo perjudicados...etc.
Con afán de mantener un clima cálido y navideño no abordamos estos pequeños o grandes asuntos que guardamos con recelo en nuestro interior a veces de un año a otro, cómo el árbol de navidad.
¿Qué ocurre? Nuestra conversación crece en silencio produciéndose una energía que nos moviliza en forma de presión y aquello empieza a dar vueltas como la pesa de una olla.
De algún modo existe temor a abordar lo pendiente pues si no lo hablaríamos tranquilamente. ¡Qué afán de callar! con lo fácil que es expresar lo que nos molesta, lo que necesitamos, lo que agradecemos. ¡Cuántos enfados y rupturas nos ahorraríamos si simplemente habláramos! Si domináramos el arte de establecer conversaciones constructivas.
Nos molestan cosas pequeñas y cotidianas, asuntos como la cuñada que no pega ni chapa o el que ocupa la mejor habitación. Los niños que se ponen nerviosos o la suegra que está mayor. Cuestiones que, si tuviéramos el músculo de la conversación entrenado y supiéramos cómo funcionamos a nivel emocional charlaríamos de forma auténtica y espontanea sin la menor dificultad.
charlaríamos de forma autentica y espotanea sin la menor dificultad.
¿Cuál es el problema y la paradoja?
Callamos para no provocar conflictos y precisamente “el callar” es lo que hace que aparezca el enfado y cuando lo sostenemos en el tiempo se convierta en resentimiento.
El estar resentido nos mina, así como la creencia de que yo soy el bueno y el resto los malos, Aunque en un primer momento nos reconforte, en realidad nos aleja de las personas. Sentirnos víctimas no nos conduce a solucionar nada. No pararnos a pensar que razones pueden tener los demás para comportarse de esta forma con nosotros nos impide avanzar.
Al permanecer en silencio no damos la oportunidad de aliviar nuestro peso y la posibilidad de resolver el motivo de nuestro enfado o resentimiento.
Se solucionaría hablando, aclarando, negociando, argumentando…etc. ¡Amigo!!! Pero esto no es sencillo y ¿Por qué no lo es?
Simplemente no sabemos expresar de forma aséptica lo que queremos decir. Normalmente lo hacemos en modo de queja, recriminación, y esto ofende. Por qué cuestiona la bondad o maldad de nuestra identidad, de lo que somos. Y este es un terreno intocable, lo único con lo que de verdad contamos, nuestro templo. El hacerlo provoca distancia, deterioro de las relaciones.
¿Qué puedo hacer?
1. No esperar a que la conversación interna crezca y se haga grande. Abordarla cuanto antes.
2. Simplemente no juzgar, no evaluar y hablar de las conductas que nos hacen sentir tristes, enfadados, humillados o queridos. De este modo podré rebatir, validar, hacer propuestas, ofertas…etc. Lo que no me sentiré es agredida y con ello no necesitaré reaccionar defendiéndome o atacando. De esta forma no daré pie a que con la primera víctima empiece la guerra.
3. Preguntarme què cosas me enfadan y contra quien es mi enfado para identificándolas poder expresarlas o/y manejarlas.
4. Darme cuenta qué me pone triste y cuál es el motivo de mi pena. Puede que haya perdido personas, relaciones que para mí eran valiosas. Aceptarlo y tratar de llenarlo de otro modo será mi trabajo, sin culpar, responsabilizándome del rumbo de mi vida.
5. Otra cuestión que me hará pasar unas felices fiestas será ser generosa. No me refiero a lo material sino a cosas tan simples como es colaborar con las tareas domésticas, manifestar mi cariño con bonitas y sinceras palabras que hagan sentir a los demás que los quiero, tolerar a aquellos que me alteran y observar la posibilidad de qué puedo aprender o al menos comprender de ellos y sus actuaciones. Poner mi foco y mi mirada en lo importante.
6.- No dar consejos ocuparte de ser tù lo mejor posible. Esto es màs que suficiente, deja que los demàs atiendan sus asuntos a su manera.
7. Dar las gracias por la paz, la familia que tengo, los amigos y el bienestar del que disfruto, la ausencia de catástrofes, mil cosas que si busco aparecerán para sentir que vivir merece la pena.
8.- ¡Ah se me olvidaba!!! Mucho sentido del humor y no olvides de sonreir.
Por último te propongo que hagas el ejercicio durante tres minutos. Visualízate con tus seres queridos cenando nochebuena o navidad, el día que tengas costumbre reunirte e imagínate quienes estáis, como os reís, os abrazáis, os deseáis lo mejor para el próximo año, cómo trascurre de forma amable, cariñosa y divertida la velada, cuales son los olores, los sabores, lo que escuchas...etc. Con el mayor realismo posible y a continuación te hagas la siguiente pregunta.
¿Què estoy dispuesta a hacer para que esto se cumpla como lo he imaginado?
Y escribe tu compromiso de forma concreta de qué vas a hacer, cuándo y cómo para que esto se convierta en una realidad.
Por mi parte mi agradecimiento por haber llegado hasta aquí y estaré encantada de recibir tus comentarios, dudas o preguntas que te surjan.
¡Felices Fiestas!
1 Comment
Cristina fdez
Posted at 08:34h, 17 diciembreMuy interesante Lourdes
Aplicable a cualquier fecha !
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